Archivos Mensuales: febrero 2012

belgas ilustres: JACQUES BREL

Jacques nació en 1929 en una comuna del norte de Bruselas y vivió en Bélgica hasta 1953, año en que comenzó a publicar y se marchó a París en busca del éxito. Ya no regresaría, pues tras los años de efervescencia de los 50 y 60, se retiró a las Islas Marquesas, donde moriría a finales de la década siguiente.

Haz click en la imagen para ver el vídeo.

En la última entrada hablábamos de Audrey hepburn, y nos preguntábamos si los seis años que vivió en Bruselas eran motivo suficiente para reclamar su condición excepcional de “personaje belga”.

En el caso de Brel, lo cierto es que vivió 24 años en el país, e incluso llegó a formar una familia. Y sin embargo, la relación con su patria fue siempre ambivalente y a veces, contradictoria: tan pronto la ensalzaba y la recordaba con ternura, como cargaba contra los movimientos nacionalistas.

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Claro que, ¿quién no tiene una relación de amor-odio con su país, región, ciudad o pueblo? ¿Quién no recuerda con nostalgia su infancia en la tierra natal, para a los pocos días maldecir y renegar de ella?

Fuera como fuese, le gustase o no, el nombre de Jacques Brel sigue ligado a Bélgica. Y dudamos de que eso cambie.

Haz click en la imagen para ver el vídeo. La canción no trata sobre Bélgica, pero sabemos que le gusta a uno de nuestros "gourmands".

P.D.: Brel tendrá un protagonismo destacado la próxima semana en el Atelier.

P.D.2: La primera foto es de aquí.

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belgas ilustres: AUDREY HEPBURN

La actriz europea más emblemática de los años 50 nació en Bélgica, en Bruselas. Hija de la aristocrática holandesa Ella van Heemstra y del vividor inglés Joseph Victor Anthony Ruston, lo cierto es que Audrey nació en territorio belga como podría haberlo hecho en cualquier otro país: a su padre le ofrecieron un empleo en una compañía de seguros inglesa que operaba en Bruselas, entre otras capitales continente.

Los primeros años de su vida trasncurrieron en Ixelles, un distrito al sudeste del centro de la ciudad, hasta que, tras ser abandonadas por el padre, su madre y ella regresaron a Holanda, con la familia de materna.

Al poco de volver a casa de sus abuelos holandeses, con tan solo seis años fue enviada a un internado en Gran Bretaña, donde estuvo hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, momento en que regresó a los Paises Bajos, de donde ya no se movería hasta el final del conflicto. Esto supuso que conoció las penurias de la guerra, que se sumaron a los vaivenes familiares y las carencias emocionales que Audrey ya traía consigo.

Hay una escena en Desayuno con Diamantes en la que los protagonistas Holly y Paul se encuentran por primera vez: él llama a su puerta con la intención de que le permita hacer una llamada desde su teléfono, y ella le obsequia con un semi-monólogo aparentemente caótico, pero muy revelador.

– Está bien, ¿verdad, gatito? Pobre animal, pobre animalito sin nombre… Según creo, no tengo derecho a darle uno, no me pertenece. Simpatizamos un día al lado del río. No quiero tener nada mío hasta que pueda tener todo lo que me guste. No estoy segura de dónde será, pero sí el aspecto que tendrá: será como Tiffany.

– ¿Tiffany? ¿Se refiere a la joyería?

– Eso es. Estoy loca por Tiffany. Escuche, ¿conoce usted esos días en que se ve todo de color rojo?

– ¿Color rojo? Querrá decir negro.

– No. Se tiene un día negro porque una engorda o porque ha llovido demasiado; estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles: de repente se tiene miedo y no se sabe por qué.

Imposible saber cuándo de Audrey hubo en Holly, pero apostamos a que hubo muchos días rojos en su infancia.

El que tuvo, retuvo. De su breve infancia en Bélgica, sabemos que la actriz conservó algunos gustos gastronómicos y una adicción de por vida al chocolate.

(…) la acompañaba dos veces al día Dinty Moore’s, un pequeño restaurante que había al otro lado del teatro, donde servían un buen steak tartare, una especialidad europea hecha con solomillo de buey de la mejor calidad, picado y mezclado con huevo batido, mostaza, salsa worcestershire, cebolla, alcaparras y especias (…). Tras el estreno de Gigi Audrey volvió por allí con frecuencia, acompañada de sus amigos para tomar lo que más le gustaba: los huevos escalfados con picadillo de carne, regados con cerveza belga.

Audrey Hepburn, la biografía, de Daniel Spoto

¿Que la actriz naciera y viviera sus primeros años en Bruselas, o que incluso le gustara la cocina belga, es argumento suficiente para declararla patrimonio nacional? Puede que no. Pero estamos hablando de un icono que transformó los patrones estéticos femeninos del siglo XX, una leyenda de Hollywood que trabajó con los mejores (Billy Wilder, Fred Astaire, Humphrey Bogart, Mancini, Spielberg). ¿Cómo renunciar a reivindicar sus orígenes?

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P.D.: Las fotografías son fotogramas de sus películas, excepto la primera, que es de aquí, y la última, que es de aquí.

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SAN VALENTÍN sin medias tintas

San Valentín no admite medias tintas: u obvias el 14 de febrero, o lo celebras como dios manda; o reniegas del imperativo social de ensalzar el amor un día al año, o te haces con el pack completo de regalo + velada romántica.

Pongamos que somos del equipo de Cupido y que, como en todo equipo, hay divisiones internas: los clásicos que apuestan por el simbolismo de un gesto, y los originales amantes de la gran sorpresa con pirotecnia y artificio.

Pongamos también que no somos como éstos últimos, que no somos de los que se esfuerzan por empatar, ni de los que buscan el hotel más raro para pasar el fin de semana (qué se yo: una grúa portuaria, un barco en tierra adentro, una cabaña en un árbol). Que tampoco nos vemos capaces de celebrar la efeméride en un museo, ni de pasarlo abrillantando nuestro automóvil vintage para lucirlo en Bruselas.

Pongamos que en realidad somos del equipo de los clásicos, de los nostálgicos, de los que esbozan una sonrisa furtiva con Moon River, de los que se aferran al “siempre nos quedará París“. Que valoramos el fondo antes que la forma, el contenido más que el continente, el significado de un gesto por encima de su tamaño y su precio.

Pongamos que somos defensores de las pequeñas cosas, de la buena vida, de los detalles sencillos pero intensos. Que puestos a festejar San Valentín un martes, en mitad de la semana, en mitad del invierno, en mitad de una crisis, lo que queremos es disfrutar del momento. Sin más. Sin menos.

Pongamos que tenemos un bistró, belga para ser más exactos; que admiramos a Jacques Brel y a Audrey Hepburn (ambos compatriotas, ambos iconos intemporales del romanticismo). Que cocinamos algo especial para la fecha. Y que lo acompañamos con champagne de Reims, porque no puede ser de otra manera.

Pongamos que a todo eso lo llamamos “Cena con sabor a Desayuno con diamantes”.

Aperitivo

Rillette du Mans con surtido de tostas y encurtidos

Entrantes

Coquille St. Jacques gratinadas

Salmón ahumado en caliente con mantequilla de vainilla y patatas sarladaise

Plato principal

Waterzooi de ave con puerros

Postre:

Helado de Speculoos, bizcocho de café, nieve de chocolate blanco y crema inglesa de chocolate con leche


Porque en San Valentín no valen medias tintas.

P.D.: Las fotos son de aquíaquí y la escena bucólica del Coche Abandonado nos la ha cedido amablemente Pablo MR.

P.D.2: Precio por persona, 40 euros (IVA y champagne incluidos).

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