Archivos Mensuales: agosto 2012

El más belga, el menos ilustre, Carlos V.

Cuando España no era aún España, ni Bélgica era aún Bélgica, ambos países ya tenían algo en común: un soberano al que despreciaban.

Carlos de Austria, también conocido como Carlos I de España y V de Alemania, nació en Gante (Flandes), murió en La Vera (Cáceres) y pasó toda su vida a caballo entre ambos territorios. Es lo que tiene que no se ponga el sol en tu Imperio: cuando llegas a un sitio a poner orden ya se te ha sublevado el otro.

En Gante no le querían ni en pintura: para sus habitantes, el Emperador fue un traidor a su patria, interesado en ganar batallas de fuera con el dinero de dentro. De hecho, no dudó en mandar a su ejército cuando el pueblo se rebeló, e incluso impuso la pena de horca para los más insurrectos.

Los flamencos fueron reprimidos, pero no bajaron la cabeza e hicieron de este castigo una seña de identidad: a los ciudadanos de Gante se les conoce como “stroppendragers”, es decir, los que cargan con la soga. Orgullosos de su pasado, cada verano en las Fiestas de Gante se recrea la humillación a la que fueron sometidos siglos atrás. De hecho, se dice que la expresión “estar con la soga al cuello”, que es sinónimo de tener serias dificultades económicas, fue acuñada entonces, ya que eran los comerciantes a los que Carlos estaba llevando a la ruina con sus impuestos los que acaban “con la soga al cuello”.

En España no le fue mejor: ninguno de los reinos heredados de sus abuelos los Reyes Católicos le dio una cálida bienvenida, ya que en el mejor de los casos era un extranjero que venía a reclamar sus tronos, y en el peor, un oportunista dispuesto a saquear las arcas de los prósperos reinos de Castilla y Aragón. Él tampoco hizo demasiado para desmentir esa imagen: no sabía hablar castellano y lo primero que hizo fue, como a sus compatriotas flamencos, pedir dinero para financiar su campaña para Emperador. Digamos que no empezó con buen pie.

Especial tirria le tuvieron los castellanos: además de todo lo dicho, les molestaba especialmente el trato que le daba a su madre, Juana la Loca, a quien tenía recluida en un monasterio en Tordesillas. Juana puede que hubiera perdido el juicio, pero seguía siendo su reina y la hija de Isabel y Fernando: que ni su propio hijo mostrara un mínimo de respeto… no decía mucho a favor del nuevo rey. Entre unas cosas y otras, incluyendo la ambición de nobleza, burguesía y clero, en 1920 los castellanos se sublevaron en Villalar, en la llamada Revuelta de los Comuneros. No serían los únicos: también en Valencia quisieron pararle los pies con el movimiento de las Germanías.

Foto: La Voz de Salamanca

Por cierto, que también los castellanos siguen celebrando la revuelta contra Carlos V: de hecho, el Día de Castilla y León es el 23 de abril y conmemora este acontecimiento histórico en el que, como los flamencos, quisieron ejercer eso que más tarde se llamaría “soberanía popular”.

Carlos acabó siendo el belga más ilustre pero con menos lustre de la historia, al menos entre sus súbditos. Sin embargo, tampoco dejó indiferente: embarcado en un proyecto de vasto imperio y defensa de la cristiandad, se le considera uno de los precursores de Europa como unión de naciones y patrocinador del Concilio de Trento y la Contrarreforma.

Si nos preguntan a nosotros, lo tenemos claro: ésta y ésta son la mejor herencia de Carlos V. Y sólo por eso, merece estar en nuestra lista de #belgasilustres.

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